EDITORIAL

Globalización y libre comercio

 

Mientras se va perfilando el aterrizaje suave de la construcción en España, son cada vez más los empresarios del sector cuyo horizonte va más allá, porque contemplan el mercado de una forma global, sin limitación geográfica alguna. Esta visión no es exclusiva de los fabricantes, que tratan de optimizar constantemente su potencial exportador, sino que se va extendiendo también a los distribuidores. Además de los que ya pertenecen a grupos multinacionales, la mayoría de los más importantes están pasando a formar parte de asociaciones europeas. Incluso se da el caso de quien no vacila en trasladarse a otro continente e instalar un almacén a varios miles de kilómetros de su sede en la Península.

Las ferias internacionales constituyen un buen termómetro de este mercado global, pero también de las contradicciones persistentes. Porque la exportación de material eléctrico sigue chocando con las barreras proteccionistas que con el pretexto de defender su industria establecen bastantes países, incluyendo alguno muy importante de Latinoamérica. Si es razonable fomentar la exportación, también hay que

admitir la presencia de empresas extranjeras, mientras sus productos se adapten a la normativa tecnológica vigente. Y esto debe valer para todos.

Reflejo de estas contradicciones es la propia evolución del salón Matelec, en el que los fabricantes españoles no acaban de aceptar de buen grado la creciente competencia de países lejanos. Pero si la feria española tiene su derecho a reflejar la globalidad, también ha de comprender que aumente el número de fabricantes españoles que prefieran acudir a certámenes extranjeros, si éstos les resultan más interesantes para la promoción de sus productos.